domingo, 25 de julio de 2010

Regreso a las estrellas

Todas las noches busco la estrella más brillante. Me imagino que soy el primer ser humano en descubrirla, en ponerle un nombre, escribir sobre ella y hasta tal vez buscarla de nuevo en la noche siguiente. Me dejo llevar por la idea de que realmente todo eso un día ocurrió. En el alba del lenguaje y la estructura del pensamiento. Este pequeño delirio siempre termina con un nombre resonando en mi mente: Omar Khayyám. Pero no por su trabajo como astrónomo persa del siglo X. Sino por sus poemas. Por ejemplo este:

No marcha firme por el Camino, el hombre que no recogió el fruto de la Verdad. Si pudo arrebatarlo al árbol de la Ciencia, sabe que los días pasados y los días por venir en nada difieren del alucinante primer día de la Creación.
 Escultura de Antony Gormely.

Como un gran maestro del Corán que fue Khayyám también fue un gran científico que estudio tanto a las estrellas como a las pasiones humanas. Las más grandes y más despreciables. Desde la primera vez que conseguí una traducción digna quedé atrapado. A veces la angustia y la profunda fe de un hombre de ciencias no pueden escapar a la condena de existir.

Más allá de la Tierra, más allá del Infinito, buscaba yo el Cielo y el Infierno. Pero una voz grave me dijo: “El Cielo y el Infierno están en ti”.
Cuando me encuentro con personas que hablan de la Gran Revelación de Dios con tanta severidad, con toda su unción espiritual, con toda su certeza teológica...simplemente no entro en debates inútiles. Contesto con esta gran sugerencia de Omar:

En los monasterios, sinagogas y mezquitas se refugian los débiles temerosos del Infierno. Pero el hombre que conoce la grandeza de Dios, no cultiva en su corazón las malas semillas del terror y de la súplica.

Lo mejor de esas situaciones no es la respuesta predecible sobre el mandato de eklesia para la comunidad de creyentes, sino la cara que ponen cuando les comento que ese poema tiene como autor a un islámico. A uno de los más grandes y brillantes. Aunque no todos quieran levantar la mirada a las estrellas.

2 comentarios:

Florencia dijo...

Cada vez que miro a las estrellas, entro en pánico. (Creo que ese trauma ya te lo conté) De a poco lo supero... gracias a mi mentor.
Cada vez que leo tu blog me siento ignorante, de enserio, de enserio, como dirías vos.
Si, a veces no tengo la más puta idea de que joraca hablás, pero me dejan las ganas de saber. Me gusta aprender, demasiado últimamente.

En fin, empezé a escribir este comentario hace una hora, había algo que te quería decir, pero me colgué en esa última oración cuando me habló mi novio, me olvidé completamente a punto iba todo esto e incluso me olvidé que te estaba comentando el blog. Cuando me acuerde lo dejo aca.

Saludos.

Nerd!

*PINK CEREZAS* dijo...

He tenido el privilegio de ver paisajes donde las estrellas tocaban el suelo, el cielo se veía casi blanco,jamás pensé ver tantas estrellas juntas , me sentia tan aplastada contra el suelo, tan pequeña, tan insignificante y a la vez ,tan privilegiada al poder observar tanta grandeza, definitivamente, una experiencia mística . Inevitable acordarse de Dios en esos momentos...

Y Dios , está así, por arriba de nosotros , en nosotros , no entre paredes levantadas por ninguna institución, no señores, dios es libre