martes, 27 de septiembre de 2011

El Otro y yo


Ocurre cada mañana y cada tarde en donde tratamos con personas. La brutalidad y el trato osco de quienes tenemos que atender. Sin saberlo aparentan un nivel cultural que no tienen. Grave error cometería si dejara a estas personas en evidencia. Prefiero no dejarme llevar por la prepotencia que tienen, y ocuparme de resolver el problema. La necesidad de aparentar algo que sin dudas no son. Son las clases sociales que no deberían existir en una república como la definió Montesquieu. Son sus vicios los que me impresionan. Actitudes inútiles que solamente logran complicar las relaciones, por ejemplo la soberbia al recibir a alguien, la petulancia de profesionales mediocres, la arrogancia de chicos que a duras penas han terminado el secundario y se conducen como si fuesen parte de un show de televisión.

Pueden decirme que son quejas de un viejo acartonado. También podrían decirme que es un mal que ha corrompido a todos los sectores de la sociedad. A mi no me sirve el consuelo de tontos porque es un mal de muchos. Se ha enajenado el trato entre personas. Se levantan barreras que no existen y se separan en grupos de estado terminal. No pretendo una queja porque no hay quién la reciba. Pero sí al menos recordar que hay instituciones ocupadas en formar ciudadanos y en deformar seres humanos. En pocas palabras, centros de deformación social.

La pregunta obvia es, ¿cuál es la normalidad si somos todos deformes? El trato humano entre las personas, más allá de todo aspecto que me aleje del otro. Hay algo que siempre vamos a compartir hasta en los tramites más insignificantes. Del otro lado de una función o trabajo, de un teléfono o una pantalla hay otra persona. No existen reglas básicas para el trato. Existen reglas impuestas por la misma sociedad que corrompe el lazo básico. Ese respeto entre pares que no existiría por fuera de su condición artificial.

Zombie Economics,  ©Edward Kinsella.
Todo esto lo digo porque estuve leyendo el libro Tristes Trópicos de Claude Levi-Strauss, donde describe cómo se fue degradando y destruyendo al punto del exterminio de las comunidades aborígenes del Brasil. Considerados por los europeizantes como gentes sin valor a los que debían eliminar para ocupar sus tierras (¿les suena Sarmiento y el gauchaje?). También porque leí una nota del Le Monde de este mes donde se relata cómo pretendió Henry Ford crear una colonia estadounidense en medio de la selva. Hoy sólo quedan las ruinas y la contaminación. Por imposición y abasallamiento de un sistema económico explotador; se perdieron culturas a las que les tomó miles de años establecerse. Hoy tenemos los despojos con un maravilloso resultado: nos han deshumanizado, nos han separado en estratos y vivimos felices así.

Estos planteos surgieron a causa de una llamada de teléfono que atendí en la mañana. Una señora que no podía pronunciar bien mi nombre pero exigía seriedad de la institución. Las causas pueden ser tan diversas como también obvias. Lo que sí me dejó pensando es por qué ha resultado casi un patrón social esa conducta. Tal vez mi explicación está expiando a la responsabilidad personal de cada uno por conducirse en forma amable. Pero no lo creo en cuanto es bien visto esa formalidad exagerada y desde una posición social que no tiene esa persona ni que existe. Es lo que llamo un buen trabajo. Han hecho un excelente trabajo para separarnos, fragmentarnos y destruirnos si es necesario unos contra otros.

Los extraterrestres no vienen de otros planetas. Somos nosotros mismos que dejamos este mundo para volver alienados. Ya no podemos ver en el Otro a nosotros mismos. No es lo que tengo en común, lamentablemente, tiene más valor lo que me diferencia del Otro.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Impasse

Me está costando escribir algo coherente para publicar. No he dejado de escribir. Pero sí he dejado de escribir lo que normalmente publico. Me he dedicado a tomar notas de los libros que leo. Lo que importa acá es que debo volver a publicar lo que están habituados a leer. Ideas mías tal vez, reflexiones, preguntas, etcétera. Por otro, lado paso muchas horas trabajando en la investigación y estudiando para sacar materias. Aprobar me aporta el aliciente intelectual al igual que me provoca escribir algo para este blog. He estado aprobando y teniendo muy buenos resultados en la investigación. Pero ya no escribo en la computadora como antes, ahora lleno hojas de mi libreta. Creo que le quedan unas veinte y voy a necesitar una nueva. He leído muchos libros y empezado otro montón más. A veces no termino de leerlos, porque no me satisfacen, o no me parecen interesantes como lo era en un principio.
Summertime de Pascal Fellonneau
Tengo demasiadas ideas para escribir algo. Pero cuando empiezo a darle forma me doy cuenta de todo lo que me falta para formar una imagen al menos precisa de lo que quiero decir. Se necesita documentar e investigar tanto que si no lo hiciera podría caer en la mediocridad sin darme cuenta. Mi objetivo es ser bueno escribiendo. Qué quienes me lean lo disfruten. Si no soy capaz de hacer eso, es mejor esperar hasta que vuelva a producir textos 'publicables' con la misma frecuencia de antes. Además de eso quiero tener un buen nivel, mejor dicho, un excelente nivel. Pero es bien sabido que la perfección es enemiga de la realización. A pesar de eso, no estoy preparado para hacer un texto al nivel que quiero. Porque sé que soy capaz de hacerlo. Me va a llevar tiempo alcanzar ese nivel. Y tampoco es para perder la calma, esto no es más que un blog flotando a la deriva entre otros millones de blogs desconocidos y accesorios.