sábado, 28 de julio de 2012

El misterio del habitante

Al caminar por algunas ciudades que recorro a diario por mi trabajo o estudio puedo observar construcciones que se están completando. De alguna manera como una parte del avance económico o de las necesidades de nuevos espacios para habitar o comerciar. También veo las construcciones con años de existencia. Construcciones que han sido testigos mudos de momentos particulares de la historia. Son estructuras que han sido parte de un pasado que ya fue deconstruido. De un pasado que fue digerido. Estructuras ideológicas que no sobrevivieron a la pasión de demoler lo viejo por parte de las necesidades de terminar para negar el pasado. Sin tiempo por llegar a completar el propósito de esa ideología en la que habitó como un edificio novicio. Tal vez sus puertas todavía se habrán, pero su tiempo está clausurado. Pasamos al lado de esos monumentos que desafían el olvido, pero no resisten a la indiferencia de las mentes ahora novicias. Mentes que son habitaciones frescas para las estructuras ideológicas que clausuran la posibilidad de ver hasta el propio pasado.

 Fotografía de Jeffrey Stockbridge.


Caminan por la calle sin siquiera detenerse a cuestionar de donde vienen sus fundamentos ideológicos. Tal vez porque ignoran que están contenidos en una ideología que ha sido heredada. ¿Es eso? O ¿es  que sienten seguridad de no golpear con el mazo de la duda los muros de su cultura? Va a ser un misterio para mi por qué no se ejercitan. Por qué no abren los ojos ni siquiera a los edificios que gritan haber nacido en un tiempo que ya no existe, sólo observando las construcciones nuevas. Las que transmiten seguridad de estar habitando en el más actual de los tiempos, ignorando que algún día serán también digeridas por la necesidad urgente de cambiar a otra estructura ideológica. Habitar con seguridad es perder la perspectiva atemporal del ser humano. No hay que habitar, debemos ser ocupas de los viejos edificios, recorrerlos y preguntar por qué no siguieron en píe y por qué hay nuevos espacios. Sin entrar en relativismos, pero en compromiso de entender el tiempo desde donde no hay tiempo: la naturaleza humana.

¿Por qué no hay ocupas errantes? ¿Por qué es casi una tarea para temerarios? Porque existen habitaciones especiales para ellos: los calabozos. Escuelas, iglesias, hospitales mentales y cárceles. El humano que quiere ser humano no puede caminar libremente entre los habitantes de una ideología que contiene a la necesidad más distintiva del hombre, la de ser libre. La necesidad de ser libre, negada por la más grande y maravillosa estructura que ha dado el miedo a elegir, la razón. La razón existe porque niega a la sin razón. Pero también se niega a las viejas estructuras que alguna vez protegieron a las habitantes de la razón. Y se excluye a esas mismas estructuras de los nuevos tiempos. Se convierten en claustros naturales del cementerio de las seguridades del pasado. El miedo a la libertad construye espacios nuevos para poder alcanzar al hombre libre que logra de alguna manera superar a los muros de las ideologías.

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