viernes, 12 de julio de 2013

El sentido de la muerte

[Tiempo de lectura estimado: 2 minutos, cantidad de palabras: 474]

En estos días que pasan se me ha planteado un asunto que inquieta a quienes lo tienen en la mente. El miedo a la muerte. Estoy seguro que es un tema del que todos pueden decir algo. Se me ha planteado desde diferentes situaciones: una amiga que dio a luz hace unas semanas y ahora está luchando por seguir con vida en terapia intensiva, un anciano que desea que la muerte le sobrevenga pronto, otro que está seguro que ya tiene un lugar en el reino de los cielos, mirar al niño recién nacido y preguntarme qué hace acá, un amigo que viaja a lugares inhóspitos para viajar aún más lejos: al mundo de los espíritus para obtener una respuesta a su existencia.

La materialidad de la que se sustenta la vida a veces nos deja sin aliento y recurrimos a la fe o a la esperanza para seguir adelante. La fe se sustenta de algo que está más allá de la materialidad de la vida y al mismo tiempo le transfiere un sentido trascendental a quien vive. Hasta el día de hoy he carecido de ese sentido, sentimiento o sensación de trascendentalidad. La pregunta por la muerte se vuelve un problema para quienes asumen que mi respuesta es la misma que la de ellos: vida después de la muerte, vida eterna en el paraíso cristiano, viaje a otras vidas, nuevos y más elevados estados de la consciencia, resurrección, reencarnación y muchas otras respuestas esperanzadoras de que esto, esta materialidad, no lo es todo. Tienen esa certeza dentro de ellos y se van a dormir en paz.

Ilustración de Ciprian Muresan

Tal vez cuando se asume que la muerte es el cierre al proyecto de existencia, al proyecto de ser, el cierre donde el ser se completa donde ya no es necesario buscar sentido ni construir. Es decir: ya no es necesario decidir, no importa qué se elige. Mientras se está con vida el Hombre no es más que un proyecto de ser, de todo lo que aún no ha sido: es una nada que debe definirse a cada instante. Por lo tanto para mi la muerte nos da un sentido muy importante a la vida. El proyecto de la vida es prepararse para morir. Si se asume que vamos a morir, más pronto podremos empezar a vivir con plenitud porque no hay certeza más allá de esta existencia. Tal vez sí, tal vez haya algo más. No lo sé. Lo que sí sé es que tengo un lapsus de existencia en los neurotransmisores donde discurre la consciencia: el aquí y el ahora la subjetividad consciente. Es necesario existir con la urgencia de vivir todo cuando más se pueda, llenarse de vida hasta desbordar.

Por lo que yo me voy a dormir deseando despertar para vivir aún más intensamente que el día terminado. No hay tiempo que perder.