lunes, 31 de marzo de 2014

La sabiduría del desconocimiento

Es muy común escuchar una frase que se utiliza para justificar y demostrar la humildad del locutor. Pero ha sido tan utilizada que se ignora con qué intención se pronunció por primera vez. Sólo sé que no sé nada. Quien la dijo lo hizo para demostrar a su adversario sofista que 'mire usted no sabe nada, y yo sé que no sabe nada porque yo mismo no sé nada', pero, ¿por qué podía hacer esa afirmación? Porque él era el tábano de Atenas, Sócrates, un denso. Si él, el más sabio de todos los atenienses, decía que era consiente de su ignorancia, ¿cómo otro podría decir que sí sabía de algo con certeza? Pues porque se pasaba todo el día persiguiendo a la gente para desafiarla en su conocimiento, con la triste justificación de que los dioses lo habían enviado para ser, los atenienses, despertados de su ignorancia. Tarea que le quedaba perfecta a él. Era un denso, como tábano que te pica sin descanso.

Los más petulantes y soberbios son los primeros es hacer uso de la afirmación de su propia y supuesta ignorancia. Nada mejor que esto para que se vea la doble intención, actualmente cumpliendo su objetivo, de la falsa humildad y egolatría. Pero los ignorantes no ignoran esa frase 'sólo sé que no sé nada'. Qué bien les viene cuando están atrapados en una discusión que pone en peligro su débil argumentación de verdaderos ignorantes. Hablando con grandilocuencia y grandes gesticulaciones despejan toda duda que del tema no saben ni jota. Pero en esto del saber tenemos que hacer reverencias al gran Tábano que sí hizo aportes concretos para disminuir la confusión general: su filosofía es fundante.

Fuente de la imágen.
Volviendo a los sabios ignotos de la sabiduría. Nada más que con algunas simples preguntas del clásico método mayeútico inventado por el denso de Atenas, se puede demostrar que quien está haciendo afirmaciones sin fundamentos es un supino neófito del tema. Peor aún cuando está disertando frente a un veterano de la cuestión, que por supuesto este sí lleva el galardón de la humildad y guarda silencio. Para que bien entrada la noche de su ignorancia pueda el experimentado hacer un gesto de gran humanidad. Entonces es cuando le tira el salvavidas 'no te preocupes, campeón, que vos sabes que no sabes nada'.

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